Una conversación en maya a las puertas de Sedeculta

POR EDGAR RODRÍGUEZ CIMÉ, del Colectivo Cultural “Felipa Poot Tzuc”

Los artistas y funcionarios que acuden a la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta) se sorprendieron de escuchar a la entrada de la institución una sabrosa plática en lengua maya entre dos escritores y directores de teatro (balts’am) : Armando Dzul Ek, experimentado profesor, y Socorro Loeza Flores, continuadora de esta tradición.

El profesor de primaria jubilado, autor de la Trilogía histórica maya (Auto de Fe de Maní / La rebelión del Rey Jacinto Uc de los Santos Canek Chichán Moctezuma / y La sublevación maya de Yucatán en 1847) había acudido a la Sedeculta a obsequiarme una copia de su constancia de participación en la presentación de este texto durante la XXVIII Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH), junto con un sabucán de plátanos y mandarinas orgánicas cosechadas en su propio “terreno” en Oxkutzcab.

Socorro, autora de la singular obra contemporánea en maya Ma’ ti na’atikech (No te entiendo), acudió a Sedeculta a realizar unos trámites para su próxima obra, y al encontrarse con su colega aprovechó para conversar detalles de la escena y la vida pero como lo hacen dos mayas cuando se encuentran en cualquier lado: en su propio idioma, como los antiguos sabios al pie del edificio astronómico de el Caracol, en el Viejo Chichén.

Escuchar una sonora conversación en maya pareciera más propia en un ejido, una cantinita de cualquier comisaría yucateca o hasta en la fiesta anual del santo patrono en los pueblos, pero contemplar esto a las puertas de Sedeculta adquiere un perfil reivindicativo o, cuando menos provocador.

Mientras los dos creadores mayas (ella, de Tecoh; él de Oxkutzcab) platicaban quitados de la pena como si estuvieran en la “vaquería del pueblo”, yo me solazaba junto a ellos observando las quisquillosas miradas, populares o clasemedieras, que al pasar junto nosotros nos miraban raro, pues no es común escuchar un diálogo en el idioma de Jacinto Canek a las puertas una institución sin un evento maya de por medio.

Los visitantes parecían personajes de la obra de Soco, pues al pasar junto a nosotros tres y escuchar la conversación, parecían decir: “No te entiendo” (Ma’ tin na’atikech).

Después de la conversada, Socorro aprovechó a don Armando para que le autografiara la última obra del maestro, obsequiada en la Dirección de Patrimonio Cultural: Trilogía…, que, por cierto, tratándose de tres obras de teatro maya ameritaba una imagen had hoc de alguno de nuestros artistas plásticos nativos: José Luis Cimé (Tixkokob), Leonardo Tzab (Oxkutzcab) o Marcelo Santos (Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo), y no el conocido dibujo de Vicente Gahona “Picheta”: “La Discordia”, aludiendo a los caídos en una batalla en Occidente).

Socorro se despidió de beso a la mejilla y nos dejó a mí y a don Armando hablando de su biblioteca, su colección de Arte Maya Prehispánico y sus murales sobre la cultura maya contemporánea, pintados por Tzab, donde resaltan, a petición del maestro, rostros conocidos de la propia comunidad de Ticul, Yucatán, Méjico.– Mérida, diciembre de 2016. edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

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