El llamado ASPY, una nueva invasión al territorio maya

POR PEDRO Uc Be, poeta y escritor maya

Pedro Uc Be leyendo en su domicilio en Buctzotz

La nueva ola de grandes proyectos empresariales que comenzó a llegar a la Península de Yucatán en los últimos años ha puesto en riesgo la vida de muchos mayas que viven del trabajo de la tierra haciendo milpa para el sustento de la familia, que se beneficia de toda la producción, no solo de maíz, sino de otros granos, tubérculos, verduras.

La milpa, combinada con la cría de algunos cerdos, vacas, aves y borregos, es la base del sustento no solo de las necesidades de alimentación de muchas familias mayas sino de la fortaleza de la cultura, de la lengua, de las creencias, de los ritos y la educación de los hijos que nacen y crecen en medio de estas formas de vida que siembra, cosecha, cría animales, habla su lengua, celebra sus creencias y fiestas.

El territorio maya peninsular es rico en selva, en aguas, en lengua, en celebraciones, en tradiciones, en piedras y en fauna, en la que miles de hombres y mujeres mayas se consagran como grandes apicultores individuales o asociados en cooperativas de producción de miel de abejas apis y de meliponas que había estado a punto de extinguirse hasta hace algunos años, pero que gracias a una nueva etapa de reflexión se ha venido fortaleciendo en diferentes puntos de la Península.

Desde la mirada de los empresarios industriales, este tipo de vida es ociosa, no es desarrollo, además los indios de por sí son haraganes y solo acaparan grandes extensiones de tierra para el desperdicio. Esta idea les puede mucho cuando aparecen “oportunidades” de hacer buenos negocios con granja de cerdos, con parques eólicos o fotovoltaicos, con la siembra de soya o maíz transgénico o con el muy redituable turismo alternativo.

Entonces por medio de sus despachos jurídicos elaboran leyes convenientes en materia agraria, conocidas por ejemplo como ley Monsanto o de biodiversidad, y se lo llevan a los diputados y senadores para que lo aprueben; sorpresivamente sin ningún obstáculo se les atiende en forma expedita aunque no sabemos si gratuitamente.

Una vez que tienen las leyes a favor, exigen que las oficinas del gobierno les brinde todas las facilidades para la ocupación de las tierras ejidales o pequeñas propiedades; asimismo contratan el servicio de algunas ONG que son las especialistas en la penetración, ubicación y convencimiento de los campesinos para la facilitación de la adjudicación de miles de hectáreas de tierra. Las ONG que prestan este servicio empiezan generalmente con un diagnóstico de la zona, luego un mapeo en tanto realizan talleres de convencimiento, ofreciendo sus asesorías, para que los campesinos acepten los “beneficios” de algunos programas disfrazados de apoyos a la comunidad o al ejido en cuestión ( pueden llamarse semillas mejoradas, CONAFOR, Servicios Ambientales, Energías Verdes, Reordenamiento Territorial, Gobernanza, Reserva Ecológica o Biocultural). El caso es que siempre se busca un pretexto o migaja para ofrecer a la gente para que ceda su territorio, en el más grotesco de los casos viene el representante de la empresa y ante la asamblea ejidal abre una mochila de billetes desparramándolos sobre la mesa ante todos para que luego les diga: “Todo esto es de ustedes en este momento si me firman que lo están recibiendo gustosamente, así en unas hojas en blanco recauda la firma para luego poner un texto a conveniencia”.

Pedro Uc Be enseñando lengua maya

Algunas “razones” que le dan a los campesinos es que ya están grandes de edad, que ya no pueden trabajar la tierra, que a sus hijos no les gusta el campo, que si ellos rentan o venden pueden tener como una jubilación y van a vivir bien el resto de sus días.

Muchos han caído en la trampa, venden o rentan sus tierras por 30 años más 10, así lo redactan, o sea por 40 años; muchos ejidatarios que ya tienen 60 años o más no pueden pensar que no cobrarían la renta durante 40 años ya que en cinco ó 10 años fallecen y la empresa dejará de pagarle la renta anual que ha convenido; en algunas ocasiones se dividen las opiniones, en el ejido hay pleito entre ejidatarios, entonces van al plan B que es la de hacer un nuevo ejido y dar las facilidades al “ejido 2” para que puedan vender o rentar sus tierras, todo en complicidad entre empresarios, gobierno, abogados, visitadores agrarios y a veces activistas de ONG.

Este problema está generalizado: no es un lunar en un lienzo de piel. Es más bien un cielo estrellado, la mayoría de los ejidos de la Península de Yucatán están en esta problemática, lo lamentable es que muchos ejidatarios no les alcanza la mirada para identificar este problema, no distinguen a los actores, no saben que es un problema complejo. Acusa a los compañeros de su comunidad que ven y que son utilizados por el sistema y se agravan los conflictos internos que involucran familias, niños, mujeres y ancianos.

Los grandes proyectos están trazados para cosechar en 2030 y 2050, es cuando esté floreciendo ese desarrollo que planearon en el Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán (ASPY), cuando el territorio maya ya esté en las manos de los ts’ul. Entonces la cultura y la lengua maya estará en coma, los cenotes contaminados por las granjas porcícolas, las abejas muertas y las flores contaminadas con glifosato, los pájaros serán sólo imágenes de televisión porque las veletas de las energías eólicas se han encargado de ellos, los niños nacen con cáncer y con malformaciones y la milpa será un tema de historia en medio de una memoria despedazada.

Pusimos un amparo contra el ASPY, lo hemos ganado, pero no nos ilusion. Sabemos que no es la solución, que esto no va a parar la voracidad de las empresas, que van a seguir sembrando semillas transgénicas, que van a seguir con los proyectos turísticos, que van a hacer más granjas porcícolas, que van a seguir arrebatando nuestro territorio, entonces ¿qué debemos hacer?

Si atacamos individualmente estos problemas no vamos a evitar nuestro exterminio, las leyes están hechas por los diputados en contubernio con las empresas para aplastarnos. Tenemos que hacer algo más. Si el problema es estructural tenemos qué pensar en una respuesta no de ese tamaño, sino más grande que el mismo problema, no podemos esperar, no podemos permitir que nos enfrenten entre sí. El problema está arriba, entonces necesitamos una estrategia que nos permita responder peninsularmente o por lo menos a nivel estatal.

Es tiempo de buscarnos, de encontrarnos y de brincar cercos como dijo el difunto Sub, hay que visitar a los diputados para exigirles cuentas, decirles que no sirven sus leyes, que nosotros vamos a hacer nuestras leyes y que deben respetarlas porque tenemos derecho a la autonomía y a la autodeterminación como pueblos mayas, que no podemos permitir que nos arrebaten nuestro territorio porque es el lugar en el que creamos la vida.– Buctzotz, Yucatán, 5 de noviembre de 2017.

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