“El verdadero sacerdote maya no lo presume”

Bernardo Caamal Itzá alias Arux Duende

Bernardo Caamal Itzá alias Arux Duende

Hoy lunes 28 de diciembre entierran a uno de mis amigos, el sacerdote maya Juan Moo. En sus tiempos me compartió su sabiduría sobre los Yuum Cháak (dioses de la lluvia) y el kuxtal (la vida) y nos hizo ver esa falta de sensibilidad actual para entender la vida, y en general cómo los mayas concebimos a los dioses.

–No soy jmeen [sacerdote] para los circos, no me gusta que me graben durante la ceremonia, porque en ese momento nos comunicamos con ellos (las deidades); nadie nos debe interrumpir. Es por eso que casi no acepté realizar ceremonias donde hay gente grabando vídeos y cosas por el estilo –ha dicho.

-Los verdaderos sacerdotes no tienen que presumir de lo que saben; solo deben de preocuparse de que la ofrenda que hace sea bien recibido –me refirió en otra ocasion.

Mientras me santiguaba escuchaba en su voz palabras mayas muy antiguas, frases de las cuales no puedo identificar más que algunos conceptos, por ejemplo sobre las energías del Mayab para que mejore yo de salud, porque para ellos la enfermedad es un desequilibrio entre las energías reales de la vida…

“¡Cuantas cosas aprendí de él, tiempo me hizo falta!”, le dije a su nieto. “Él cada vez que me ve y me dice ‘te escuché en la radio amigo y escuché a los otros sacerdotes, y respetable su postura”.

En don Juan Moo no solo está ese papel de abuelo, padre, asesor de numerosas familias que lo conocieron. También estaba el médico que nunca se negó en darle atención con la medicina maya a infinidad de niños cuyos padres desesperados no encontraron cura en la medicina moderna.

A don Juan Moo tan sólo le bastaba salir a su jardín y regresaba con un manojo de diversas yerbas y te decía con una voz pausada: Dios ta wéetel (que Dios esté contigo) y es como devolverte el ánimo por confiar nuevamente en la benevolencia de la sabiduría maya.

Ahora el sabio jmen, a sus más de 90 años, y con efectos indirectos de la chikungunya, regresa de nuevo a la tierra para alimentar de nuevo al maíz para que su sabiduría regrese a los genes de las nuevas generaciones de quienes desean conocer, entender y vivir en el Mayab.

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