Felipa Poot, una de las primeras víctimas del despojo de tierras en Yucatán

POR JESÚS SOLÍS Alpuche, profesor y luchador social

Felipa Poot / Imagen de internet

Felipa Poot / Imagen de internet

Este lunes 28 de marzo se cumplen ochenta años de la muerte de una joven maya de Kinchil, una líder campesina cuyo asesinato se debería a una reyerta electoral del partido oficial (PNR) y cuya circunstancia durante muchos años ha sido un profundo tabú político nacional.

En su libro Los maestros rurales (1946), Martín Luis Guzmán alude a Kinchil y escribe que Felipa Poot fue asesinada por mujeres de la misma población cuando regresaba del cementerio de rendir culto a sus muertos.

En mis comentarios en el Diario del Sureste publicados en 1986, con motivo del 50º. aniversario del asesinato de Felipa, opiné que Martín Luis Guzmán oculta a los verdaderos asesinos porque son miembros del Partido Socialista del Sureste, ala del Partido Nacional Revolucionario (PNR) en Yucatán que hasta esas fechas era el partido oficial.

Martín Luis Guzmán era entonces vocero de la presidencia de Lázaro Cárdenas y Mario Tenorio, personal asesino de la líder en Kinchil, era delegado en la campaña de Gualberto Carrillo Puerto, hermano del apóstol Felipe Carrillo. Esta situación es políticamente difícil de explicar, y es posible que por eso Guzmán recurre al subterfugio de moda en novelas y películas de la época, como plantea Ben Fallaw en su ensayo “La vida y la muerte de Felipa Poot y el cardenismo en México” en que refuta mi teoría del conflicto por la tierra, como causa del asesinato. En su ensayo, Fallaw pone como ejemplo la película “María Candelaria” de Mauricio Magdaleno y el Indio Fernández.

En l934 Lázaro Cárdenas asumió el gobierno federal y promovió importantes reformas, entre otras el reparto agrario rubro en que había grandes rezagos, como eran La Laguna y Yucatán. Cárdenas nombró al profesor Antonio Betancourt Pérez jefe de Educación en el Estado, con el fin de llevar a efecto su proyecto de educación socialista.

En Kinchil, lo mismo que en otros municipios, en el marco del proyecto federal se fundó la Escuela Rural, que hoy lleva el nombre de “Rafael Cházaro Pérez”, militar yucateco que impulsó el propósito de alfabetizar y concientizar a los campesinos mayas en sus derechos sociales. Pero Cházaro murió en un accidente aéreo el 26 de enero de 1936, dos meses antes del asesinato de Felipa Poot.

En esta importante tarea, Betancourt mandó a Kinchil al joven profesor Bartolomé Cervera Alcocer, quien inmediatamente inició la alfabetización inscribiendo a docenas de campesinos y campesinas entre las que se encontraba Felipa Poot Tzuc, que sin duda fue la que más aprovechó las ideas de liberación del programa educativo influenciada por el maestro.

Cervera Alcocer enfatizaba que “el hombre y la mujer maya son hijos de la tierra. La tierra es la vida y la libertad de todos. Los grandes señores que se han apoderado de la tierra no comprenden la vida y la relación del indígena con la tierra, porque lo esclavizan en el trabajo y con el pueblo maya sometido y explotado, someten y explotan también a la tierra. La tierra es para darle de comer a todos los pueblos, pero los que se han apoderado de ella son como los que llegan por la noche y roban la comida de todos. Para ellos un pedazo de tierra es igual a cualquier cosa que pueden seguir despedazando. La tierra no es su madre, ni su hermana, ni su amiga. Ellos la destruyen, no la respetan y la explotan. Destruyen el lugar que es nuestros padres y matan la tierra que le hará falta a sus mismos hijos…”

Enseñaba Cervera Alcocer a sus alumnos y alumnas que la fuerza del pueblo maya está en amar y defender su tierra; que la ambición de dinero empobrece la tierra y a los seres humanos indígenas o no indígenas … Y si permitimos que nos sigan explotando junto con la tierra, en el futuro sólo seremos como la arena cansada de los desiertos”. (Martín Luis Guzmán en “Los maestros rurales”).

Gracias al intenso trabajo educativo, en el marco del programa nacional de Educación impulsado por el gobierno de Cárdenas, los campesinos kinchileños empezaron a tomar conciencia de sus derechos como mexicanos.

Felipa Poot y docenas de campesinos mayas, se inscribieron para el estudio y la promoción de los derechos constitucionales de la jornada de ocho horas de trabajo, para combatir la jornada “de sol a sol” establecidas en la región. Las reacciones violentas contra el profesor Cervera y de ella misma no se hicieron esperar de parte de la policía municipal, servidumbre de los hacendados, aliados a las facciones de gobierno callista en el PNR y el Partido Socialista del Sureste, que en Yucatán obstaculizaban las reformas cardenistas.

Con la asesoría del magisterio rural, Felipa Poot organizó el primer sindicato y la primera cooperativa de carboneros y productores de hortalizas, en compañía de activistas como Lázaro Solís, Víctor Solís Andrés Ku, Nazario Pisté y Agustín Puc, así como varias mujeres. Divulgaron que conforme a la ley, todos los seres humanos son iguales, merecen respeto y tienen derecho al trabajo, que es de donde se desprende la dignidad del ser humano. Denunciaron que la esclavitud fue abolida en 1810 por el cura Miguel Hidalgo y que ya no permitirían más azotes, que con frecuencia por orden de los hacendados se les propinaban a los trabajadores henequeneros, para obligarlos a una producción mayor en el corte de la penca del henequén

No obstante que en aquellos tiempos la mujer no había obtenido sus derechos políticos en nuestro país, Felipa Poot unió la exigencia de los campesinos mayas productores de henequén a la jornada de ocho horas y el mejor pago en el corte de penca. Cosa que los hacendados nunca cumplieron hasta que Cárdenas decretó el Reparto Agrario en Yucatán, después del asesinato de Felipa y otros campesinos en Kinchil el 28 de marzo de 1936.

A 80 años de la masacre de campesinos provocada por la facción callista del PNR aliada a los hacendados henequeneros, en el cual murió Felipa Poot, Baltasar Canal, Bonifacio Madera y otros kinchileños, la [“historiografía oficialista”] todavía no relaciona estos hechos de sangre con los acontecimientos que conmocionaron al país para impedir las reformas cardenistas y ponen fin al maximato callista, ya que 10 días después de la masacre en Kinchil, el presidente Cárdenas expulsó del país al ex presidente y General Plutarco Elías Calles, a Luis N. Morones, de la CROM; Luis L. León y a Melchor Ortega, dirigentes del PNR.

Junto a los asesinatos cometidos en Kinchil figuran también los del 19 de enero de 1936 en Temozón donde fueron asesinados Ignacio Mena y Adalberto Sosa, así como los hechos de Mérida el 1 de junio de 1936, y el asesinato de Rogelio Chalé el 5 de septiembre del mismo año.

En el contexto sociopolítico de la crisis y abandono en el campo y el tráfico de tierras ejidales actual, es interesante el estudio de esta mujer campesina que nació el 14 de marzo de 1903 y fue asesinada el 28 de marzo de 1936 en Kinchil por Mario Tenorio, representante del candidato a senador, hermano menor de Felipe, Gualberto Carrillo Puerto, que resultó instrumento del callismo y aliado de la oligarquía local contra el proyecto de Reparto Agraria que alentaba la corriente cardenista en Yucatán en la candidatura de Gonzalo López Manzanero, a quien los campesinos kinchileños apoyaban, y organizados, bajo la dirección social del profesor Cervera Alcocer habían logrado liberarse del caciquismo político en la población.

Felipa Poot y el cardenismo en Kinchil deben seguir siendo objeto de estudios profundos que los reivindique, pues en la década de los cuarenta el proyecto ejidal –como se concebía entre el campesinado cardenista– dio marcha atrás para convertirse en una forma de control entre las masas campesinas e indígenas, hasta que en 1992 el proyecto priista neoliberal optó por la privatización sin haber cumplido con el compromiso de justicia social, causa y consigna original de la revolución mexicana.

En Kinchil prevalece la resistencia, pues varios grupos nos opusimos responsable y conscientemente al Programa de Certificación (Procede), porque lo consideramos el golpe final al derecho de propiedad inalienable de la tierra que poseen, en parte gracias a la lucha de Felipa Poot, que valientemente se enfrentó al grupo callista del PNR y a los intereses de los terratenientes que, como hasta hoy, a base de mentiras tratan de manipular la voluntad de los campesinos para que se opongan a los ideales comunitarios.

En estos tiempos de globalización del individualismo y capitalismo salvaje, es importante conocer y hacer luz sobre la vida de nuestros pueblos originarios y sus dirigentes históricos, es necesario exaltar y dar a conocer lo que es nuestro en la historia. Porque la clase dominante insiste en privatizar las tierras de Kinchil. Más de 21 mil hectáreas cercanas a Celestún, por medio del FANAR (Fondo de Apoyo para Núcleos Agrarios sin Regularizar) para el despojo de su patrimonio.

Referencias

La síntesis de 20 publicaciones que hice en el Diario del Sureste en los meses de marzo y abril de 1986, con motivo del 50 aniversario del asesinato de Felipa Poot, tomé información oral de personas de Kinchil como don Eleuterio Méndez, Andrés Ku, Olegaria Pisté, Nazario Pisté, Elio Rodríguez, Aurora Solís, Emilio Ventura y el propio Antonio Betancourt Pérez. Por esa fechas me reportaron la muerte de del Prof. Bartolomé Cervera Alcocer, en Medellín, Estado de Veracruz., por lo que no puede entrevistarlo personalmente.

Este trabajo desató un debate de regular importancia, sobre la vida y muerte de Felipa Poot, que incluso trascendió a nivel internacional con investigadores como Ben Fallao y Cathleen Martin., que recientemente presentó un libro al respecto. Hace 10 años Ben Fallao me envío en inglés su ensayo, que publiqué, traducido, en uno de mis libros.– Marzo de 2016. [email protected]

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