Gobierno y dinero, los enemigos de los mayas en su lucha contra transgénicos

La Suprema Corte decidirá este miércoles 4 de noviembre si permite la siembra de soya transgénica en las selvas de Campeche con el consiguiente empeoramiento del daño ambiental ya infligido a las selvas mayas con la anuencia del gobierno federal

Una abejilla recolectando dulce en una calle de Mérida

Una abejilla recolectando dulce en una calle de Mérida

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidirá este miércoles 4 de noviembre si aprueba la reanudación de la siembra de soya transgénica en Campeche.

Postergada en dos ocasiones, la tercera revisión parece será la vencida y en círculos pesimistas se espera su aprobación dado el evidente respaldo del gobierno federal a los proyectos de Monsanto y el poder económico de esta trasnacional.

En una reunión privada hace unos meses, elChilamBalam tuvo idea de la gravedad del avance ilegal de la deforestación y la decisión de los empresarios en hacer su voluntad en las tierras de Campeche.

Una avioneta fumigadora que deja caer este venenoso químico sobre un líder opositor, la devastación sorpresiva de muchas hectáreas una sola noche con maquinaria pesada cuyo operadores tuvieron el apoyo de hombres armados no tiene otra lectura de que el poder y el dinero no se resignarán a salir de las selvas mayas.

En su solicitud disponible en el change.org, el vecino de Hopelchén Gustavo Huchim Cauich ­expresó su confianza en que “la ministra y los ministros fallen a favor de las comunidades mayas y que hagan efectivo el principio precautorio”.

La siembra de transgénicos [en grandes extensiones] en Campeche ha permitido la devastación de cientos de hectáreas de selva y la consiguiente contaminación del suelo con el uso de su pesticida glisofato considerado “probable cancerígeno” por la OMS.

Las avionetas fumigan a sólo 400 metros de algunos hogares mayas, según testigos.

“La siembra de soya transgénica afecta la apicultura, una práctica histórica y tradicional del pueblo maya y viola el derecho a un medioambiente sano, por el uso excesivo de plaguicidas y la deforestación que implica. Actualmente ya son miles de hectáreas de selva que han sido deforestadas para establecer este cultivo. Nuestra selva, que es la última del país”, advierte el campesino en la solicitud que subió a Charge.org con apoyo de agrupaciones medioambientalistas.

 

 

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