Tarzán, de superhombre a blandengue

tanUn “No-Tarzán” nos presenta la película “La leyenda de Tarzán”, que este julio se encuentra en la cartelera de los cines en Mérida.

Pifia tras pifia se concatenan y generan risa tras risa -de decepción- en nosotros, los seguidores del mangani “Piel blanca”.

Son tantas las ideas erróneas que este filme siembra en el cinéfilo que uno se pregunta si los involucrados en esta película leyeron siquiera el primero de los libros de la serie literaria “Tarzán”.

Tarzán, el superhombre, se convierte en esta película en un blandengue.

Quizá lo único en que atinaron fue en la altura y musculatura del actor que interpreta al protagonista.

Se olvidan que “Tarzán”, aunque signifique “Piel blanca”, tiene la piel bronceada por andar, prácticamente sin ropa, al aire libre en la selva de África.

Pero esta es la menor de las equivocaciones.

tarzan1Realmente “Tarzán” no es amigo de los leones. Así que no nos vengan con el cuento de que el hombre mono se untaría el cráneo en las cabezas de los mayores depredadores de la selva a modo de hacerse “cariñitos”.

Los seguidores de la saga sabemos que “Tarzán” sólo se acerca a un león cuando es inevitable y no para acariciarse mutuamente sino para un enfrentamiento de vida/muerte, que prácticamente termina con nuestro superhombre matando al melenudo únicamente con la fuerza de sus manos y piernas y con su destreza en el manejo del cuchillo. “El abrazo de la muerte” de  “Tarzán” se repite varias veces en los veintitantos  libros de la saga que los fanáticos de ésta prácticamente ya sabemos –o creemos saber- cómo matar a un león si alguna vez nos vemos ante uno y sin la posibilidad de alcanzar un árbol a donde treparnos.

También sabemos que “Tarzán” no es un sufrido -o traumado por su pasado- en su relación con “Jane”. Él es un animal salvaje, sí, pero se educa a sí mismo -aprende a leer y escribir como autodidacta- antes de conocer a “Jane”, y se relaciona con ella luego de verla y descubrir la similitudes de ambos;  esto le lleva a acercarse a ella para comprender el misterio y así  descubre su humanidad, su parentesco con el homo sapiens.

Mientras en la película “Jane” cura a “Tarzán”, en el libro el mangani blanco es quien rescata a la mujer de un simio que se la llevaba  de árbol en árbol para que sea su hembra.

Y aquí llegamos a otro error del filme. El enfrentamiento físico del superhombre con un simio que resulta ser su hermano. Es uno de los momentos más esperados de la película… pero le falta la magnificencia de “Tarzán” mostrando su superioridad y por qué es “El rey de la selva”. A mi gusto, “Tarzán” le debió de propinar salvaje golpiza y humillación al simio, pero por cuestiones del guión, supongo, él fue quien se tuvo que humillar.

También engañan con la idea de que todos los africanos se unen. Olvidan que hay dos tipos de nativos de África: los caníbales y  los no caníbales,  los que comen humanos y los que son comida, y que prácticamente los primeros jamás dejan de perseguir a los segundos porque ellos son su medio de subsistencia.

Tampoco nos creemos cuando nos presentan a “Tarzán” como “Bond, James Bond”. El mangani “Piel blanca” no es un engreído que presume su kilométrico nombre aristocrático: John Clayton, conde de Greystoke, lord del Parlamento Británico.

tarzanyhombresleopardoPero la escena más hilarante para quienes devoramos los libros sobre “Tarzán” es cuando nos muestran al superhombre como ¡un mochilero!

Es el colmo de los colmos. No podemos creer lo que vemos: “Tarzán” con botas, pantalones, camisa y ¡tremenda mochila en la espalda!… Sólo le faltó sus anteojos de sol y, en una muñeca, una pulsera que indique en qué hotel todo incluido se aloja.

Los fanáticos del mangani “Piel blanca” sabemos que apenas “Tarzán” pisa África se despoja de todo elemento urbano, se queda únicamente con su tabarrabo y se adentra en la espesura de la selva, donde descalzo puede avanzar a mayor velocidad de árbol en árbol.

Además, él no necesita cargar nada que no sea su cuchillo.

Y si hay algo qué cargar, sus amigos africanos hacían de porteadores.

Trtarzan y las joyas de oparatando de olvidar estas licencias cinematográficas que nos “venden” un “Tarzán” que es un “No-Tarzán”, hay que reconocer el collage que hacen para incluir elementos que aluden a varios libros de este superhombre aventurero.
Así lo que vemos nos recuerda a nuestras lecturas de “El regreso de Tarzán (a África)”, “Tarzán y las joyas de Opar” y “Tarzán y los hombres leopardo”.

Aunque las decepciones se acumulen conforme corren los cuadros de la película, ésta nos regala la oportunidad de regresar al mundo de “Tarzán”, a esa selva indómita que sólo él puede domar.

 

 

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