Las mil y un maneras de matar a la lengua maya

Por PEDRO UC BE, poeta maya y activista

BUCTZOTZ, Yucatán, 12 de noviembre de 2018.– La falta de interés de las personas en la lengua maya es una falacia, la comunidad maya peninsular siempre ha tenido no sólo el interés sino la “necedad” de hablar, compartir, proponer y hasta enseñar su lengua maya.

Después de 500 años de conquista y colonización que va mutando cada día en nombre de la modernidad, los mayas seguimos no solo hablando nuestra lengua sino pensando en maya; mantenemos una fuerza cultural en el uso de nuestra lengua, tanto en las comunidades como en las avenidas, parques, transporte público y dependencias oficiales que vamos tomando como espacios también nuestros.

La razón por la que se ha dejado de hablar la lengua maya en muchos espacios y comunidades no responde a la falta de interés de las personas mayas, sino a un mecanismo de defensa ante la discriminación, la marginación y el desprecio que hemos venido padeciendo desde hace más de 500 años, pasando por el suplicio de Jacinto Can Ek y el sueño de Cecilio Chi; como territorio colonizado por la evangelización, el capitalismo, el neoliberalismo y el indigenismo entre otros ismos.

En los últimos años se implementó en las escuelas el indigenismo bilingüe, con el fin de castellanizar a los mayas. Es decir, para que dejen de hablar su lengua. Este objetivo se ha logrado en buena medida. Luego inventaron la famosa interculturalidad que tiene por objetivo oculto masacrar la cultura originaria; la maquinaria colonial no ha parado, no se ha descompuesto, no ha envejecido y recibe de sus dueños no sólo el mantenimiento convencional, sino está siendo modernizada con piezas más sofisticadas día con día; toda la fuerza tecnológica, política y económica ha sido pieza fundamental de esta maquinaria colonizadora que ha colocado en el cadalso a nuestra lengua y cultura. Tan es así, que hoy para revitalizar nuestra lengua, según algunas apuestas, se tiene que correr muchos riesgos para aprender cómo se hace ejemplarmente.

A día de hoy, el monolingüe de la lengua maya no pueden encontrar un empleo en la “ciudad blanca” o mejor dicho, de los blancos; no se le puede entender en los hospitales públicos, no tiene espacio en la Universidad, y menos ejercer un cargo político de elección popular en la legislatura, en el poder judicial o en el ejecutivo; no parece ser hijo, hija, de esta Península Maya; sin embargo, el mismo sistema colonizador le hace creer que ha perdido el interés por su propia lengua cuando se esfuerza en tartajear la lengua extraña para su sobrevivencia.

Quienes creen y afirman que la comunidad maya ha perdido el interés en su lengua, es víctima del engaño del sistema colonizador o es cómplice de la colonización y desprecio del que somos víctimas los que somos y seguimos hablando, defendiendo y proponiendo nuestra lengua.

Creo que la lengua maya a día de hoy está cambiando de piel como la serpiente de cascabel va sumando en su cola una falange de su instrumento musical, de su rebeldía, de sus sueños leídos; y escuchados como dramaturgia, como narrativa y como poesía va martillando la grieta del muro de la colonización y eurocentrismo de los indigenistas y sus indios aliados como fue desde el principio.

La lengua maya no se está perdiendo: la están combatiendo, está sufriendo muchas bajas; su enemigo, como desde el principio, llega con instrumentos desarrollados para matar; contra esta guerra la lengua maya no ha podido ganar más que algunas batallas, porque su apuesta ha sido por la vida, por la ciencia y por el arte, no por el asesinato.

Los autos de fe ejecutados por el diminuto Landa no es un hecho histórico: es una experiencia nuestra. Podemos entenderlo si hacemos el simple ejercicio de preguntarnos cuántos libros en lengua maya se publican frente a los cientos o miles que se publican en español; no es por falta de escritores en lengua maya, es por la falta del reconocimiento real y valoración de las instituciones del gobierno hacia nuestra lengua materna; muchos libros que han sido galardonados en los escasos concursos literarios en lengua maya están sin publicarse, no hablemos de los que están debajo de los escombros del olvido y la discriminación de las instituciones castellanas que se dan baños de bilingüismo e interculturalidad desde instituciones como la CDI y el INDEMAYA dirigidas por máscaras blancas, a veces con piel morena.

Quebrar el cadalso de nuestra lengua maya es la mirada, es la adrenalina, es el riesgo a correr y la rebeldía como esa tos que rompe la solemnidad del rito eucarístico de la falacia del indigenismo que nos acusa de haber perdido nuestro interés por nuestra lengua y cultura.– Buctzotz, noviembre de 2018.

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